Juan Manuel Tapiola, desarrollador inmobiliario y fundador de Spazios, sostiene que el real estate atraviesa una de las mejores ventanas de oportunidad de las últimas décadas para invertir en propiedades en Argentina. Los valores de los departamentos quedaron rezagados frente a la inflación general y, en muchos casos, el precio de venta del metro cuadrado está muy cerca del costo de construcción. Ese descalce, explica, convierte al ladrillo en un activo relativamente barato, con margen para recuperar terreno a medida que la economía se estabilice y la demanda vuelva a traccionar.
Desde su mirada, el atractivo no se limita solo a la compra barata. Tapiola remarca que, entre la renta anual por alquiler —que suele ubicarse en el rango del 5% al 7%— y la revalorización pendiente hasta que los inmuebles se alineen con el resto de los bienes de la economía, una propiedad bien elegida puede rendir entre un 10% y un 20% anual en el mediano plazo. En ese contexto, invertir en propiedades en Argentina combina flujo de ingresos relativamente previsible con un potencial de plusvalía difícil de replicar en otros activos.
Otro punto central de su análisis es la estabilidad del real estate como resguardo frente a la volatilidad de los mercados financieros. A diferencia de acciones, bonos o criptomonedas, una vivienda cumple una doble función: es un activo patrimonial y, al mismo tiempo, un lugar donde vivir o generar renta constante. Por eso, incluso en escenarios de alta incertidumbre, el ladrillo suele ajustar más lento a la baja y ofrece protección frente a shocks bruscos de precios. Ese comportamiento ayuda a explicar por qué el interés por invertir en propiedades en Argentina se mantiene firme tanto entre ahorristas locales como entre venezolanos y otros extranjeros que buscan activos tangibles, simples de entender y ligados a una necesidad básica: la vivienda.